domingo, 31 de mayo de 2026

Reseña: Niebla de Miguel de Unamuno

 

Este libro lo volví a leer después de varios años, ya que lo tenía como lectura obligatoria en el colegio, y la verdad esta segunda lectura me dejó sentimientos bien encontrados. Por un lado, entiendo perfectamente por qué Niebla de Miguel de Unamuno es considerado un clásico, sobre todo pensando en todo lo que propone a nivel filosófico y narrativo. Pero, siendo sincero, me costó bastante conectar con él. Me dejó una sensación extraña, como si estuviera leyendo algo muy lejano a la forma en que uno está acostumbrado a entender una historia hoy en día, algo que igual se entiende considerando que fue escrito a principios del siglo XX.

Al leerlo, me pasó que me costó enganchar justamente por esa distancia que sentí con el relato. La historia gira en torno a Augusto Pérez, un hombre con buena posición económica, acomodado, pero muy perdido emocionalmente y con serias dificultades para relacionarse con otras personas, especialmente con mujeres. Tiene dinero, viene de una familia importante y pareciera tenerlo todo resuelto, pero al mismo tiempo es un personaje torpe, inseguro y bastante incapaz de desenvolverse socialmente. Incluso me costó ubicar bien la época en la que ocurre todo, porque, aunque se siente antigua, el hecho de que el protagonista llegue a conversar con el propio autor rompe completamente cualquier lógica temporal o realista.

La trama comienza cuando Augusto ve a Eugenia caminando por la calle y se obsesiona con ella de inmediato. Desde ahí empieza a idealizarla y a hacer todo un despliegue para conquistarla, incluso cuando ella le deja bastante claro que no está interesada. Eso fue algo que me llamó la atención, porque a ratos se siente casi como un precursor de esos tipos obsesivos que insisten sin entender un rechazo. La situación se vuelve todavía más incómoda cuando Augusto intenta ganarse su afecto pagando la hipoteca de la casa de Eugenia, creyendo que con eso puede acercarse a ella y conseguir su amor.

Finalmente, Eugenia aparenta aceptar casarse con él, haciéndole creer que dejó atrás a Mauricio, su verdadero interés amoroso. Sin embargo, todo resulta ser una farsa, porque poco antes de la boda huye con Mauricio a otra ciudad, llevándose además el dinero de Augusto para comenzar una nueva vida juntos. Esta traición destruye completamente al protagonista, quien decide suicidarse. Pero antes de hacerlo, viaja a Salamanca para hablar con Miguel de Unamuno, quien aparece dentro de la historia como personaje y le revela algo brutal: no puede quitarse la vida porque en realidad no existe, ya que es solo una creación ficticia de su imaginación.

Sin duda, lo más potente del libro ocurre en ese diálogo final entre Augusto y Unamuno. Ahí el personaje se rebela contra su creador y le plantea que, aunque sea ficticio, siente y sufre como cualquier ser humano. Incluso lo desafía recordándole que los autores también mueren. Frente a esto, Unamuno decide decretar su muerte inmediata. Augusto regresa a su casa, cena abundantemente y muere esa misma noche. Aunque médicamente se habla de un paro cardíaco, queda instalada la duda de si murió por una causa natural o simplemente porque su autor así lo quiso, lo que abre toda una reflexión sobre el destino, la libertad y hasta qué punto realmente controlamos nuestras decisiones.

Fue una lectura algo densa, y creo que eso también tiene relación con que Unamuno ni siquiera quiso llamarla novela, sino “nivola”, porque buscaba romper con las estructuras narrativas tradicionales. Eso se nota muchísimo. A pesar de que me costó conectar con la historia y que Augusto me resultó un personaje desesperante por momentos, reconozco que el desenlace logra levantar bastante la experiencia. Además, detalles como el rol de Orfeo, el perro de Augusto, y toda la reflexión final sobre la existencia hacen que el libro termine siendo mucho más que una simple historia de desamor obsesivo no correspondido. No fue una lectura que disfruté del todo, pero sí una que deja pensando bastante después de terminarla.

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