Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
miércoles, 22 de julio de 2026
Reseña: El Amante Japones de Isabel Allende
Reseña de: Aristóteles y Dante se sumergen en las aguas del mundo - Benjamin Alire Sáenz
Llegué a Aristóteles y Dante se sumergen en las aguas del
mundo de Benjamin Alire Sáenz con muchas ganas, porque la primera parte me
había gustado mucho. La verdad es que este libro me pareció precioso. Al
principio me costó un poco enganchar, pero más que nada porque la historia
comienza exactamente donde termina el primer libro y ya había pasado bastante
tiempo desde que lo leí, así que no recordaba muchos detalles. Afortunadamente,
el propio autor va refrescando la memoria del lector de forma muy natural y,
cuando ya logré volver a conectar con Ari y Dante, simplemente no pude dejar de
leer y me demore como una semana en terminarlo.
Hubo una parte que me gustó caleta y fue cuando todos los
alumnos terminan enfrentándose a una profesora que era tremendamente racista.
Lo más cuático es que la tipa tenía tan normalizados esos comentarios que ni
siquiera era capaz de darse cuenta de que estaba siendo racista. Cuando los
alumnos la enfrentan, en vez de hacer una autocrítica, ella termina sintiéndose
la víctima, como si le hubieran faltado el respeto. Al final, entre todos
prácticamente la terminan sacando del colegio y llega una profesora
reemplazante que, en el poco tiempo que alcanza a estar con ellos, se gana el
cariño de todos. Esa parte me pegó harto porque me acordé de varias veces en
que tuve profesores que me hicieron sentir mal y nunca sentí que los demás me
creyeran o me apoyaran. Acá fue todo lo contrario: hubo empatía, hubo unión
entre los compañeros y, no voy a mentir, igual fue bien satisfactorio ver cómo
mandaban a la chucha a una vieja qlia que no hacía más que dañar a sus alumnos
(o en verdad siempre me ha gustado cuando las “figuras de autoridad” caen).
Hacia el final, la historia toma un rumbo mucho más
emocional cuando la realidad de una perdida familiar golpea de cerca a Aristóteles
y por consiguiente a Dante, obligándolos a crecer antes de tiempo. Ari se
encuentra totalmente deprimido por su perdida y no puede encontrar consuelo ni en
su pareja, ni su familia, menos en sus amigos, pero ahí estuvieron todos, al
pie del cañón dándole su apoyo hasta que por fin Ari pudo salir del hoyo, asumo
que en estos tiempos, hablar de psicólogos adolescentes era casi un tabú o en
volá ni si quiera se tomaban en cuenta. Pero el libro nos da a entender importancia
de tener una red de apoyo.
Hay otro punto que me marcó mucho, aunque siento que
explicarlo con demasiado detalle sería entrar en spoilers. Me quedo con el
desarrollo personal de ambos personajes y, sobre todo, con el momento en que
uno de ellos tiene que irse y el otro queda con el corazón roto. Esa escena me
pegó fuerte porque me vi muy reflejado y me acordé de cosas no tan buenas que
me tocaron vivir, pero que también terminaron ayudándome a crecer como persona.
En un momento de verdad pensé: "esta wea no puede terminar así".
Me daba miedo que, después de todo lo que habían vivido, terminaran separados.
Y me quedo con una frase muy buena para ese momento: "Tenemos asuntos
sin completar. Quiero poder decir que hice mi parte. Sé que lo más probable es
que Dante y yo sigamos cada quien su camino uno de estos días, porque estamos
jóvenes. Pero creo que merezco decidir cuándo debería suceder ese cambio. Y mi
voz dice: hoy no." Hermano, wn... qué jugado, quedé loco. (no me han querido ni una wea!!)
Si tuviera que ponerle algún pero, diría que me habría gustado conocer mucho más al hermano de Ari. Siento que era un personaje con muchos misterios y nunca terminé de entender por qué guardaba tanto resentimiento hacia su familia. Aun así, para mí eso no cambia el resultado final. Recomiendo muchísimo leer esta novela, pero sobre todo leer ambos libros, porque juntos construyen una historia preciosa. Creo que para muchos jóvenes LGBTQ+ puede significar mucho encontrarse con un relato donde el amor y la vida no estan condenados al sufrimiento permanente y donde existe espacio para la esperanza. Es, sin duda, el mejor libro que he leído este año. Me hizo reír, me hizo llorar —sí, lloré—, me hizo recordar momentos de mi propia vida y, sobre todo, me hizo sentir acompañado. Le doy un 5 de 5. Alguien me dijo una vez que los libros llegan para encontrarnos, y siento que este llegó justo en el momento indicado.
domingo, 19 de julio de 2026
Mi vida los últimos 2 meses
A veces uno cree que está viviendo semanas completamente desordenadas.
Un día estás corrigiendo un informe técnico sobre biodiversidad. Al siguiente estás buscando la mezcla exacta para pintar un tono de piel al óleo. Después escribes un correo formal para reclamar un reembolso, lees un clásico de Orwell, investigas ceremonias medievales o intentas encontrar las palabras para despedirte de alguien que todavía te importa.
Parece un caos.
Pero con un poco de distancia descubrí que todas esas cosas tenían algo en común.
No estaba buscando respuestas distintas. Estaba haciendo siempre la misma pregunta.
¿Cómo vivir con un poco más de coherencia?
¿Cómo hacer bien el trabajo sin dejar que el trabajo te consuma?
¿Cómo querer a alguien sin dejar de quererte a ti?
¿Cómo aceptar el cuerpo que tienes mientras intentas cuidar el que quieres construir?
¿Cómo seguir aprendiendo sin perder la capacidad de sorprenderte?
¿Cómo crear algo bonito —una fotografía, un cuadro, un texto— en medio de semanas agotadoras?
Quizás crecer no consiste en tener una vida perfectamente ordenada.
Quizás consiste en descubrir que todas esas conversaciones aparentemente inconexas son, en realidad, distintas formas de intentar entender quién eres.
Y cuando miras hacia atrás, notas que no estabas cambiando de tema constantemente.
Estabas dando vueltas alrededor de la misma pregunta, observándola desde distintos ángulos.
Porque, al final, uno no busca tener una vida perfecta.
Busca una vida que tenga sentido.
miércoles, 1 de julio de 2026
Reseña:1984 - George Orwell
Llegué a este libro porque, como había comentado en otras reseñas, me propuse leer esos libros que se supone que uno debe leer en la enseñanza media y además, se trata de un clásico universal. George Orwell es un autor muy conocido y esta obra siempre aparece mencionada como una de sus mejores. Creo que eso no se debe solamente a que hable del totalitarismo o de la aventura de un héroe, sino porque termina reflexionando sobre la condición humana y, sobre todo, sobre el poder, el control del lenguaje, la manipulación de la memoria y la destrucción de la libertad humana. O, al menos, así lo interpreté yo.
1984 se llama así porque ese es el año en que se
desarrolla la historia, pero, como ocurre en toda sociedad distópica,
evidentemente no es el 1984 que todos conocemos. Aquí estamos frente a una
sociedad completamente controlada por un partido político y con fuertes
reminiscencias de la posguerra. Los países, tal como los conocemos,
prácticamente ya no existen y hay tres grandes potencias que permanecen en
guerra constante, no para conquistar territorios o recursos, sino porque la
guerra es una forma de perpetuar la sociedad controlada en la que viven los
personajes.
La historia sigue a Winston, un ciudadano que trabaja para
el Partido, el cual tiene como líder a una figura llamada el Gran Hermano, de
quien jamás se explica quién es realmente ni cómo llegó al poder. Más que una
persona, representa al poder mismo, ese que mantiene a toda la población
sometida a una dictadura que organiza cada aspecto de la vida y hace que las
personas acepten como naturales cosas que, en realidad, les han sido impuestas.
Ahí es donde entra Winston, porque no es un héroe ni un revolucionario, sino un
hombre común que todavía conserva la necesidad de preguntarse qué es verdad y
qué es mentira. Precisamente por eso termina convirtiéndose en un problema para
el Partido.
De hecho, durante todo el libro me quedó la sensación de que
el Partido no gobierna principalmente a través del miedo, sino mediante el
control de la información y de la realidad. Las noticias cambian descaradamente
de un momento a otro, existe toda una maquinaria dedicada a modificar la
historia y hasta crean un idioma propio, la "neolengua", en el que
desaparecen palabras y, con ellas, también las ideas que esas palabras
permitían expresar. Al final, el lenguaje termina construyendo la realidad y la
población está tan manipulada que ya ni siquiera imagina que pueda existir un
mundo distinto al que le impone el Gran Hermano.
Dentro de todo este contexto también se desarrolla una
situación que termina siendo más política que romántica: la relación entre
Winston y Julia. En una sociedad completamente deshumanizada, su relación
representa uno de los pocos espacios de humanidad, ya que el Gran Hermano
prohíbe las relaciones románticas y solo permite el sexo con fines
reproductivos. El Partido entiende que los vínculos afectivos generan una
lealtad distinta a la obediencia absoluta, por lo que amar a otra persona
termina convirtiéndose en un verdadero acto de resistencia.
También es importante considerar el contexto en el que
Orwell escribió 1984. Europa acababa de salir de la Segunda Guerra
Mundial y el auge de distintos regímenes totalitarios marcaba profundamente al
continente. Más que atacar exclusivamente al comunismo soviético, se busca
advertir sobre cualquier forma de poder absoluto, sin importar su ideología.
Para ello recurrió a una distopía, es decir, una sociedad ficticia donde los
problemas políticos y sociales de su época son llevados hasta sus consecuencias
más extremas, como una advertencia sobre lo que podría ocurrir si ese tipo de
sistemas llegaran a consolidarse.
A medida que la historia avanza, el libro se va poniendo
cada vez más turbio. Aunque uno pueda imaginarse hacia dónde va el desenlace,
leerlo igual resulta impactante, porque al final nadie gana y todo sigue
exactamente igual. Orwell consigue transmitir una sensación muy amarga al
demostrar que el Partido termina imponiéndose por completo, dejándome pensando
en cómo el poder, la propaganda y la manipulación psicológica pueden quebrar la
voluntad de una persona. Si les gustan los libros que siguen dando vueltas en
la cabeza después de terminarlos, creo que 1984 es una lectura
totalmente recomendable.
Al final, creo que el gran mensaje de 1984 es que
sigue siendo una lectura completamente vigente, porque obliga al lector a
cuestionarse cuánto de la información que recibe es realmente cierta y cuánto
está condicionado por quienes tienen el poder. También recuerda que la libertad
comienza cuando somos capaces de pensar, recordar, dudar y discrepar por
nosotros mismos. Cuando una sociedad pierde esas capacidades, junto con la
libertad de expresión y el acceso a una verdad verificable, empieza poco a poco
a perder también su propia humanidad.
¿Qué queda de una persona cuando pierde la capacidad de
pensar por sí misma?
