Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
martes, 7 de abril de 2026
xto
lunes, 6 de abril de 2026
Vapores
Últimamente, cuando voy al sauna, hay algo que se repite: siento que nadie me pesca. Es una sensación difusa, pero se instala. No sé si es mi cuerpo, mi cara, mi mirada al resto, mi actitud, o quizás es algo más interno, un cuestionamiento de si todavía encajo en esos espacios. Me pregunto si tiene sentido seguir yendo, o si es hora de dejarlo o cambiar la actitud, o simplemente exigirme ser más ‘mamadísimo’ para encajar.
Ayer, justo, estaba en el sauna húmedo, y entraron dos chicos, claramente menores de 25 años, muy compinches, seguros de sí mismos. Uno estaba totalmente desnudo, el otro con su sabanilla, y los vi un rato, sin intención erótica, solo observando y también contemplando la belleza del cuerpo desnudo masculino. Después salieron y no los vi en harto rato. Me fui a otras instalaciones, y más tarde, fui a la piscina que tiene el sauna. Ahí me di cuenta de que no eran solo dos, eran tres cabros y bien guapos. Y a esta edad uno ya distingue al tiro quién es de tu rango etario y quién es más pendejy creo que ninguno pasaba los 22 años. Y me acerqué, con la idea de iniciar una charla, aunque fuera mínima, pero ellos estaban tan dentro de su mundo, tan clausurados entre ellos, que no hubo espacio. Conversaban, se tocaban, se besaban, se exploraban sus cuerpos y sus penes flácidos y también erectos... En verdad se veían tan libres, y eso me hizo sentir una mezcla de admiración y nostalgia. Me vi a mí a esa edad, preguntándome por qué no pude sentir esa libertad, esa seguridad de disfrutar el momento, sin temor a juzgamientos. Me dio una ternura fuerte, y una añoranza por haber tenido, no solo esa edad, sino también la plata, las ganas, y amigos que hubieran querido venir al sauna conmigo.
Al final, me fui a los otros lados del sauna. Quise volver después a la piscina, pero ya estaba cansado. Igual al pasar por la piscina, pegué una mirada y ahora vi que eran cuatro los cabros, todos de más o menos la misma edad, y fue un momento agridulce. Fue rico verlo, pero también me dejó con esa sensación de que, a veces, uno se queda mirando desde afuera, y se pregunta qué habría pasado si se hubiera atrevido a vivirlo antes.
domingo, 5 de abril de 2026
FOMO
El día de ayer fue el cambio de horario, y la verdad es que siempre me ha apestado. Me carga el horario de invierno. Nunca he entendido bien por qué tenemos que hacer esto y acostumbrarnos a que anochezca tan temprano, a vivir con menos luz, como si eso no afectara en nada. A mí sí me afecta, y harto.
Hace un par de años que vengo sintiendo algo que podría ser depresión estacional. Me pasa que en esta época me apago un poco, me pongo más cabizbajo, y mi estado anímico se va a la mierda. No es algo nuevo, pero cada vez lo noto más.
Y últimamente, además, se me ha metido fuerte el FOMO. Esa sensación de que me estoy perdiendo cosas. De que todos están viviendo algo y yo no. Y no es solo una idea: tiene que ver directamente con el estilo de vida que tengo, que al final está completamente determinado por mi trabajo.
Por la modalidad en la que trabajo, nunca estoy del todo libre. Incluso en mis días de descanso hay una especie de presión constante, como si en cualquier momento algo pudiera pasar. Y además están los test de drogas y alcohol, que condicionan caleta lo que puedo o no puedo hacer. Entonces cosas tan simples como fumarme un pito o tomarme una chela —sobre todo en esos últimos días de descanso, cuando uno quiere relajarse de verdad— terminan siendo un riesgo.
Y el pito, por ejemplo, es algo que disfruto. Me gusta, sobre todo cuando estoy acompañado, cuando hay buena onda, cuando se da ese espacio más íntimo o relajado. Pero ni eso puedo hacer tranquilo. Y al final, eso igual te va cortando el tipo de fin de semana que podrías tener. Te limita, te encierra un poco.
Entonces pasa que me quedo en la casa, evitando situaciones, tratando de no exponerme, porque sé que hay cosas que me pueden perjudicar en la pega, y no estoy en una posición donde me pueda dar ese lujo. Pero mientras tanto, veo redes sociales y está todo el mundo pasándolo bien, saliendo, compartiendo, viviendo cosas. Y ahí es donde el FOMO pega más fuerte.
Hoy día, domingo, se sintió aún más. Llegué a la casa y no había nadie. Nadie me habló. Nadie me escribió. Traté de buscar algo de compañía, aunque fuera sexo fácil, y tampoco resultó nada. Y ahí es donde todo se junta: el cambio de horario, el bajón anímico, las limitaciones, el FOMO… y la sensación de soledad.
Al final, es eso. Sentirse un poco fuera, un poco desconectado, como mirando la vida de otros desde lejos, mientras uno trata de hacer lo correcto, de cuidarse, de mantener la pega, pero igual pagando el costo emocional de todo eso.
