Llegué a Aristóteles y Dante se sumergen en las aguas del
mundo de Benjamin Alire Sáenz con muchas ganas, porque la primera parte me
había gustado mucho. La verdad es que este libro me pareció precioso. Al
principio me costó un poco enganchar, pero más que nada porque la historia
comienza exactamente donde termina el primer libro y ya había pasado bastante
tiempo desde que lo leí, así que no recordaba muchos detalles. Afortunadamente,
el propio autor va refrescando la memoria del lector de forma muy natural y,
cuando ya logré volver a conectar con Ari y Dante, simplemente no pude dejar de
leer y me demore como una semana en terminarlo.
Hubo una parte que me gustó caleta y fue cuando todos los
alumnos terminan enfrentándose a una profesora que era tremendamente racista.
Lo más cuático es que la tipa tenía tan normalizados esos comentarios que ni
siquiera era capaz de darse cuenta de que estaba siendo racista. Cuando los
alumnos la enfrentan, en vez de hacer una autocrítica, ella termina sintiéndose
la víctima, como si le hubieran faltado el respeto. Al final, entre todos
prácticamente la terminan sacando del colegio y llega una profesora
reemplazante que, en el poco tiempo que alcanza a estar con ellos, se gana el
cariño de todos. Esa parte me pegó harto porque me acordé de varias veces en
que tuve profesores que me hicieron sentir mal y nunca sentí que los demás me
creyeran o me apoyaran. Acá fue todo lo contrario: hubo empatía, hubo unión
entre los compañeros y, no voy a mentir, igual fue bien satisfactorio ver cómo
mandaban a la chucha a una vieja qlia que no hacía más que dañar a sus alumnos
(o en verdad siempre me ha gustado cuando las “figuras de autoridad” caen).
Hacia el final, la historia toma un rumbo mucho más
emocional cuando la realidad de una perdida familiar golpea de cerca a Aristóteles
y por consiguiente a Dante, obligándolos a crecer antes de tiempo. Ari se
encuentra totalmente deprimido por su perdida y no puede encontrar consuelo ni en
su pareja, ni su familia, menos en sus amigos, pero ahí estuvieron todos, al
pie del cañón dándole su apoyo hasta que por fin Ari pudo salir del hoyo, asumo
que en estos tiempos, hablar de psicólogos adolescentes era casi un tabú o en
volá ni si quiera se tomaban en cuenta. Pero el libro nos da a entender importancia
de tener una red de apoyo.
Hay otro punto que me marcó mucho, aunque siento que
explicarlo con demasiado detalle sería entrar en spoilers. Me quedo con el
desarrollo personal de ambos personajes y, sobre todo, con el momento en que
uno de ellos tiene que irse y el otro queda con el corazón roto. Esa escena me
pegó fuerte porque me vi muy reflejado y me acordé de cosas no tan buenas que
me tocaron vivir, pero que también terminaron ayudándome a crecer como persona.
En un momento de verdad pensé: "esta wea no puede terminar así".
Me daba miedo que, después de todo lo que habían vivido, terminaran separados.
Y me quedo con una frase muy buena para ese momento: "Tenemos asuntos
sin completar. Quiero poder decir que hice mi parte. Sé que lo más probable es
que Dante y yo sigamos cada quien su camino uno de estos días, porque estamos
jóvenes. Pero creo que merezco decidir cuándo debería suceder ese cambio. Y mi
voz dice: hoy no." Hermano, wn... qué jugado, quedé loco. (no me han querido ni una wea!!)
Si tuviera que ponerle algún pero, diría que me habría gustado conocer mucho más al hermano de Ari. Siento que era un personaje con muchos misterios y nunca terminé de entender por qué guardaba tanto resentimiento hacia su familia. Aun así, para mí eso no cambia el resultado final. Recomiendo muchísimo leer esta novela, pero sobre todo leer ambos libros, porque juntos construyen una historia preciosa. Creo que para muchos jóvenes LGBTQ+ puede significar mucho encontrarse con un relato donde el amor y la vida no estan condenados al sufrimiento permanente y donde existe espacio para la esperanza. Es, sin duda, el mejor libro que he leído este año. Me hizo reír, me hizo llorar —sí, lloré—, me hizo recordar momentos de mi propia vida y, sobre todo, me hizo sentir acompañado. Le doy un 5 de 5. Alguien me dijo una vez que los libros llegan para encontrarnos, y siento que este llegó justo en el momento indicado.

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