Llegó el final de Heartstopper y tenia muchas ganas
de saber cómo terminaba la historia. Leí tanto el volumen 6 como Nick y
Charlie, y siento que ambos se complementan bastante bien. Aunque no cuentan
exactamente lo mismo, pero ayudan a cerrar distintas partes de la historia, y
de hecho la película que salió como final de la serie toma elementos de ambos.
En general, me gustó mucho. Era un cierre que llevaba tiempo esperando (a pesar
de que la sigo en Tumblr hace años, pero preferí que saliera el comic) y
terminé bastante conforme con cómo Alice Oseman decidió despedirse de estos
personajes.
Como era una saga que ya venía siguiendo, no hubo un momento de "engancharse", porque simplemente quería saber cómo terminaba. Además, al ser una novela gráfica, la lectura es muy fluida. Lo que sí llevaba era un miedo importante después del tomo 5. Ese volumen me había dejado con la sensación de que la historia podía terminar transformándose en otra tragedia homosexual, donde todo es sufrimiento y las cosas nunca salen bien. Por suerte, este último tomo hizo exactamente lo contrario y sentí que hubo una especie de redención. Sigue siendo una historia muy optimista y muy "soft", pero justamente eso fue algo lo que se termina valorando.
La historia retoma justo donde terminó el volumen anterior. Charlie continúa enfrentando las consecuencias de su trastorno alimenticio, mientras Nick empieza su último año de colegio y debe tomar decisiones sobre su futuro y la universidad. Poco a poco ambos comienzan a darse cuenta de que la posibilidad de estudiar en ciudades distintas pone a prueba su relación. Charlie siente mucho miedo de quedarse solo y Nick tampoco sabe muy bien cómo ayudarlo, porque él mismo está aprendiendo a enfrentar la adultez. Incluso llegan a darse un tiempo para pensar qué quieren realmente, lo que por un momento me hizo creer que la historia iba a terminar mal nuevamente. Por suerte, ambos entienden que siguen queriendo estar juntos y el libro cierra dejando la sensación de que todavía les queda un largo camino por recorrer, pero esta vez lo enfrentarán juntos.
Creo que uno de los mayores aciertos del libro es mostrar que el conflicto ya no pasa por salir del clóset. Esa etapa ya quedó atrás. Ahora Nick y Charlie deben aprender a enfrentar problemas mucho más propios del crecimiento: la independencia, la universidad, las relaciones a distancia, el miedo a que la vida los termine separando y la incertidumbre de no saber qué viene después del colegio, en fin, la adultez. Me gustó mucho ese cambio porque demuestra que las historias LGBTQ+ también pueden evolucionar y hablar de los mismos desafíos que enfrenta cualquier pareja joven.
La escena que más me marcó fue cuando Charlie decide postular para delegado de su colegio. En vez de esconder quién es, utiliza justamente su experiencia como estudiante gay para hablar sobre la homofobia que vivió y propone crear un espacio seguro para estudiantes LGBTQ+. Sentí que ese momento cerraba perfectamente la evolución del personaje. Charlie deja de ser ese adolescente que vivía con miedo a mostrarse tal como era y termina usando su propia historia para ayudar a otros. Me pareció una de las escenas más potentes de toda la saga.
También me gustó mucho que el libro insista en mostrar que es posible construir relaciones sanas. Sí, probablemente sea una historia bastante idealista y entiendo perfectamente a quienes critican eso. Los personajes viven en un entorno relativamente privilegiado, en una Inglaterra en un típico bario del primer mundo con estabilidad económica fruto del saqueo colonial imperialista, y muchas veces las cosas resultan mejor de lo que ocurre en la vida real. Pero, sinceramente, nunca sentí que eso fuera un defecto. Al contrario. Creo que una historia dirigida principalmente a adolescentes también necesita mostrar que existe esperanza y que descubrir tu orientación sexual no tiene por qué significar vivir condenado al sufrimiento.
La verdad es que no hay muchas cosas que pueda criticarle. Quizás algunos lectores la encuentren demasiado optimista o poco realista, pero creo que esa siempre fue la esencia de *Heartstopper*. Nunca pretendió ser un drama devastador, sino una historia de crecimiento, amistad, amor y aceptación. Y dentro de esa propuesta, siento que cumple muy bien lo que promete.
Recomendaría esta saga a cualquier adolescente que esté
descubriendo su orientación sexual o que sienta miedo de ser quien realmente
es. También a cualquier persona que quiera leer una historia bonita, sencilla y
esperanzadora sobre el amor. Me gusta que existan relatos LGBTQ+ donde los
personajes no estén destinados únicamente a sufrir, porque creo que ese tipo de
historias también pueden hacer mucho bien. Le doy un **4 de 5**. Fue un cierre
que me dejó contento y, sobre todo, con la sensación de que a veces también
está bien creer que las cosas pueden terminar bien.

