El día de ayer fue el cambio de horario, y la verdad es que siempre me ha apestado. Me carga el horario de invierno. Nunca he entendido bien por qué tenemos que hacer esto y acostumbrarnos a que anochezca tan temprano, a vivir con menos luz, como si eso no afectara en nada. A mí sí me afecta, y harto.
Hace un par de años que vengo sintiendo algo que podría ser depresión estacional. Me pasa que en esta época me apago un poco, me pongo más cabizbajo, y mi estado anímico se va a la mierda. No es algo nuevo, pero cada vez lo noto más.
Y últimamente, además, se me ha metido fuerte el FOMO. Esa sensación de que me estoy perdiendo cosas. De que todos están viviendo algo y yo no. Y no es solo una idea: tiene que ver directamente con el estilo de vida que tengo, que al final está completamente determinado por mi trabajo.
Por la modalidad en la que trabajo, nunca estoy del todo libre. Incluso en mis días de descanso hay una especie de presión constante, como si en cualquier momento algo pudiera pasar. Y además están los test de drogas y alcohol, que condicionan caleta lo que puedo o no puedo hacer. Entonces cosas tan simples como fumarme un pito o tomarme una chela —sobre todo en esos últimos días de descanso, cuando uno quiere relajarse de verdad— terminan siendo un riesgo.
Y el pito, por ejemplo, es algo que disfruto. Me gusta, sobre todo cuando estoy acompañado, cuando hay buena onda, cuando se da ese espacio más íntimo o relajado. Pero ni eso puedo hacer tranquilo. Y al final, eso igual te va cortando el tipo de fin de semana que podrías tener. Te limita, te encierra un poco.
Entonces pasa que me quedo en la casa, evitando situaciones, tratando de no exponerme, porque sé que hay cosas que me pueden perjudicar en la pega, y no estoy en una posición donde me pueda dar ese lujo. Pero mientras tanto, veo redes sociales y está todo el mundo pasándolo bien, saliendo, compartiendo, viviendo cosas. Y ahí es donde el FOMO pega más fuerte.
Hoy día, domingo, se sintió aún más. Llegué a la casa y no había nadie. Nadie me habló. Nadie me escribió. Traté de buscar algo de compañía, aunque fuera sexo fácil, y tampoco resultó nada. Y ahí es donde todo se junta: el cambio de horario, el bajón anímico, las limitaciones, el FOMO… y la sensación de soledad.
Al final, es eso. Sentirse un poco fuera, un poco desconectado, como mirando la vida de otros desde lejos, mientras uno trata de hacer lo correcto, de cuidarse, de mantener la pega, pero igual pagando el costo emocional de todo eso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario