A veces uno cree que está viviendo semanas completamente desordenadas.
Un día estás corrigiendo un informe técnico sobre biodiversidad. Al siguiente estás buscando la mezcla exacta para pintar un tono de piel al óleo. Después escribes un correo formal para reclamar un reembolso, lees un clásico de Orwell, investigas ceremonias medievales o intentas encontrar las palabras para despedirte de alguien que todavía te importa.
Parece un caos.
Pero con un poco de distancia descubrí que todas esas cosas tenían algo en común.
No estaba buscando respuestas distintas. Estaba haciendo siempre la misma pregunta.
¿Cómo vivir con un poco más de coherencia?
¿Cómo hacer bien el trabajo sin dejar que el trabajo te consuma?
¿Cómo querer a alguien sin dejar de quererte a ti?
¿Cómo aceptar el cuerpo que tienes mientras intentas cuidar el que quieres construir?
¿Cómo seguir aprendiendo sin perder la capacidad de sorprenderte?
¿Cómo crear algo bonito —una fotografía, un cuadro, un texto— en medio de semanas agotadoras?
Quizás crecer no consiste en tener una vida perfectamente ordenada.
Quizás consiste en descubrir que todas esas conversaciones aparentemente inconexas son, en realidad, distintas formas de intentar entender quién eres.
Y cuando miras hacia atrás, notas que no estabas cambiando de tema constantemente.
Estabas dando vueltas alrededor de la misma pregunta, observándola desde distintos ángulos.
Porque, al final, uno no busca tener una vida perfecta.
Busca una vida que tenga sentido.
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