miércoles, 1 de julio de 2026

Reseña:1984 - George Orwell


Llegué a este libro porque, como había comentado en otras reseñas, me propuse leer esos libros que se supone que uno debe leer en la enseñanza media y además, se trata de un clásico universal. George Orwell es un autor muy conocido y esta obra siempre aparece mencionada como una de sus mejores. Creo que eso no se debe solamente a que hable del totalitarismo o de la aventura de un héroe, sino porque termina reflexionando sobre la condición humana y, sobre todo, sobre el poder, el control del lenguaje, la manipulación de la memoria y la destrucción de la libertad humana. O, al menos, así lo interpreté yo.

1984 se llama así porque ese es el año en que se desarrolla la historia, pero, como ocurre en toda sociedad distópica, evidentemente no es el 1984 que todos conocemos. Aquí estamos frente a una sociedad completamente controlada por un partido político y con fuertes reminiscencias de la posguerra. Los países, tal como los conocemos, prácticamente ya no existen y hay tres grandes potencias que permanecen en guerra constante, no para conquistar territorios o recursos, sino porque la guerra es una forma de perpetuar la sociedad controlada en la que viven los personajes.

La historia sigue a Winston, un ciudadano que trabaja para el Partido, el cual tiene como líder a una figura llamada el Gran Hermano, de quien jamás se explica quién es realmente ni cómo llegó al poder. Más que una persona, representa al poder mismo, ese que mantiene a toda la población sometida a una dictadura que organiza cada aspecto de la vida y hace que las personas acepten como naturales cosas que, en realidad, les han sido impuestas. Ahí es donde entra Winston, porque no es un héroe ni un revolucionario, sino un hombre común que todavía conserva la necesidad de preguntarse qué es verdad y qué es mentira. Precisamente por eso termina convirtiéndose en un problema para el Partido.

De hecho, durante todo el libro me quedó la sensación de que el Partido no gobierna principalmente a través del miedo, sino mediante el control de la información y de la realidad. Las noticias cambian descaradamente de un momento a otro, existe toda una maquinaria dedicada a modificar la historia y hasta crean un idioma propio, la "neolengua", en el que desaparecen palabras y, con ellas, también las ideas que esas palabras permitían expresar. Al final, el lenguaje termina construyendo la realidad y la población está tan manipulada que ya ni siquiera imagina que pueda existir un mundo distinto al que le impone el Gran Hermano.

Dentro de todo este contexto también se desarrolla una situación que termina siendo más política que romántica: la relación entre Winston y Julia. En una sociedad completamente deshumanizada, su relación representa uno de los pocos espacios de humanidad, ya que el Gran Hermano prohíbe las relaciones románticas y solo permite el sexo con fines reproductivos. El Partido entiende que los vínculos afectivos generan una lealtad distinta a la obediencia absoluta, por lo que amar a otra persona termina convirtiéndose en un verdadero acto de resistencia.

También es importante considerar el contexto en el que Orwell escribió 1984. Europa acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y el auge de distintos regímenes totalitarios marcaba profundamente al continente. Más que atacar exclusivamente al comunismo soviético, se busca advertir sobre cualquier forma de poder absoluto, sin importar su ideología. Para ello recurrió a una distopía, es decir, una sociedad ficticia donde los problemas políticos y sociales de su época son llevados hasta sus consecuencias más extremas, como una advertencia sobre lo que podría ocurrir si ese tipo de sistemas llegaran a consolidarse.

A medida que la historia avanza, el libro se va poniendo cada vez más turbio. Aunque uno pueda imaginarse hacia dónde va el desenlace, leerlo igual resulta impactante, porque al final nadie gana y todo sigue exactamente igual. Orwell consigue transmitir una sensación muy amarga al demostrar que el Partido termina imponiéndose por completo, dejándome pensando en cómo el poder, la propaganda y la manipulación psicológica pueden quebrar la voluntad de una persona. Si les gustan los libros que siguen dando vueltas en la cabeza después de terminarlos, creo que 1984 es una lectura totalmente recomendable.

Al final, creo que el gran mensaje de 1984 es que sigue siendo una lectura completamente vigente, porque obliga al lector a cuestionarse cuánto de la información que recibe es realmente cierta y cuánto está condicionado por quienes tienen el poder. También recuerda que la libertad comienza cuando somos capaces de pensar, recordar, dudar y discrepar por nosotros mismos. Cuando una sociedad pierde esas capacidades, junto con la libertad de expresión y el acceso a una verdad verificable, empieza poco a poco a perder también su propia humanidad.

¿Qué queda de una persona cuando pierde la capacidad de pensar por sí misma?


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