Llegué a este libro porque, como había comentado en otras reseñas, me propuse leer esos libros que se supone que uno debe leer en la enseñanza media y además, se trata de un clásico universal. George Orwell es un autor muy conocido y esta obra siempre aparece mencionada como una de sus mejores. Creo que eso no se debe solamente a que hable del totalitarismo o de la aventura de un héroe, sino porque termina reflexionando sobre la condición humana y, sobre todo, sobre el poder, el control del lenguaje, la manipulación de la memoria y la destrucción de la libertad humana. O, al menos, así lo interpreté yo.
1984 se llama así porque ese es el año en que se
desarrolla la historia, pero, como ocurre en toda sociedad distópica,
evidentemente no es el 1984 que todos conocemos. Aquí estamos frente a una
sociedad completamente controlada por un partido político y con fuertes
reminiscencias de la posguerra. Los países, tal como los conocemos,
prácticamente ya no existen y hay tres grandes potencias que permanecen en
guerra constante, no para conquistar territorios o recursos, sino porque la
guerra es una forma de perpetuar la sociedad controlada en la que viven los
personajes.
La historia sigue a Winston, un ciudadano que trabaja para
el Partido, el cual tiene como líder a una figura llamada el Gran Hermano, de
quien jamás se explica quién es realmente ni cómo llegó al poder. Más que una
persona, representa al poder mismo, ese que mantiene a toda la población
sometida a una dictadura que organiza cada aspecto de la vida y hace que las
personas acepten como naturales cosas que, en realidad, les han sido impuestas.
Ahí es donde entra Winston, porque no es un héroe ni un revolucionario, sino un
hombre común que todavía conserva la necesidad de preguntarse qué es verdad y
qué es mentira. Precisamente por eso termina convirtiéndose en un problema para
el Partido.
De hecho, durante todo el libro me quedó la sensación de que
el Partido no gobierna principalmente a través del miedo, sino mediante el
control de la información y de la realidad. Las noticias cambian descaradamente
de un momento a otro, existe toda una maquinaria dedicada a modificar la
historia y hasta crean un idioma propio, la "neolengua", en el que
desaparecen palabras y, con ellas, también las ideas que esas palabras
permitían expresar. Al final, el lenguaje termina construyendo la realidad y la
población está tan manipulada que ya ni siquiera imagina que pueda existir un
mundo distinto al que le impone el Gran Hermano.
Dentro de todo este contexto también se desarrolla una
situación que termina siendo más política que romántica: la relación entre
Winston y Julia. En una sociedad completamente deshumanizada, su relación
representa uno de los pocos espacios de humanidad, ya que el Gran Hermano
prohíbe las relaciones románticas y solo permite el sexo con fines
reproductivos. El Partido entiende que los vínculos afectivos generan una
lealtad distinta a la obediencia absoluta, por lo que amar a otra persona
termina convirtiéndose en un verdadero acto de resistencia.
También es importante considerar el contexto en el que
Orwell escribió 1984. Europa acababa de salir de la Segunda Guerra
Mundial y el auge de distintos regímenes totalitarios marcaba profundamente al
continente. Más que atacar exclusivamente al comunismo soviético, se busca
advertir sobre cualquier forma de poder absoluto, sin importar su ideología.
Para ello recurrió a una distopía, es decir, una sociedad ficticia donde los
problemas políticos y sociales de su época son llevados hasta sus consecuencias
más extremas, como una advertencia sobre lo que podría ocurrir si ese tipo de
sistemas llegaran a consolidarse.
A medida que la historia avanza, el libro se va poniendo
cada vez más turbio. Aunque uno pueda imaginarse hacia dónde va el desenlace,
leerlo igual resulta impactante, porque al final nadie gana y todo sigue
exactamente igual. Orwell consigue transmitir una sensación muy amarga al
demostrar que el Partido termina imponiéndose por completo, dejándome pensando
en cómo el poder, la propaganda y la manipulación psicológica pueden quebrar la
voluntad de una persona. Si les gustan los libros que siguen dando vueltas en
la cabeza después de terminarlos, creo que 1984 es una lectura
totalmente recomendable.
Al final, creo que el gran mensaje de 1984 es que
sigue siendo una lectura completamente vigente, porque obliga al lector a
cuestionarse cuánto de la información que recibe es realmente cierta y cuánto
está condicionado por quienes tienen el poder. También recuerda que la libertad
comienza cuando somos capaces de pensar, recordar, dudar y discrepar por
nosotros mismos. Cuando una sociedad pierde esas capacidades, junto con la
libertad de expresión y el acceso a una verdad verificable, empieza poco a poco
a perder también su propia humanidad.
¿Qué queda de una persona cuando pierde la capacidad de
pensar por sí misma?
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