martes, 25 de agosto de 2026

Agosto

La verdad no sé muy bien cómo empezar este post, porque mi vida durante este agosto ha sido bien extraña. Ha sido un mes de sobrepensar mucho algunas cosas, de cerrar ciclos con el corazón y de intentar entender situaciones que, en realidad, probablemente no necesitan tanta explicación.

No había comentado esto antes, pero tuve una especie de amorío con un chico desde el verano hasta principios de julio. Nos veíamos prácticamente todos los fines de semana, compartíamos harto y, después de un tiempo, terminé declarándome. El tipo me rechazó. Me dijo que no estaba de acuerdo con las relaciones abiertas, que era la forma en que yo siempre he llevado mis vínculos sexoafectivos y que, incluso si aceptara eso, yo tampoco paso mucho en Santiago. A él le gusta tener cotidianidad con una pareja y sentía que eso no lo podía tener conmigo.

Y, la verdad, fue súper brígido recibir esa respuesta. No porque no pudiera aceptar un no, sino porque había una parte que simplemente no entendía. Loco, si igual nos vemos casi todos los fines de semana desde que nos conocemos, ¿cuál era exactamente el problema? Pero bueno, me dijo que no y cosa de él. No hay mucho más que hacer con eso.

El problema es que llevo más de un mes y medio, casi dos meses, tratando de dejar de pensar en el weon. Y esta semana subió un post que me dio a entender que está saliendo con una mujer. Así que supongo que ya está. Definitivamente tengo que dejar de darle vueltas al asunto porque, ¿qué mierda voy a hacer? Nada. Con una mujer, ¿qué puedes competir? Absolutamente nada.

Y antes de que alguien me diga que no se trata de competir, sí, ya sé. Pero cuando uno está involucrado emocionalmente no siempre piensa de la manera más racional del mundo. A veces simplemente te pega en el ego, en el cariño y en todas esas expectativas que uno se había hecho en silencio.

Mientras tanto, en el trabajo ha estado todo bien intenso también. Me volví a enfermar, lamentablemente tengo una amigdalitis y ahora estoy en mi casa descansando. Y quizás eso tampoco ayuda mucho, porque cuando uno está enfermo, encerrado y con tiempo de sobra, la cabeza empieza a trabajar horas extras.

Y como si agosto no tuviera suficiente material para sobrepensar, el fin de semana pasado fui a bailar y me encontré con cierto personaje que no veía hace tiempo. Y por alguna extraña razón, el hueon decidió ponerse a bailar literalmente al lado mío junto a sus amiguitos funados.

Lo más chistoso es que otro amigo incluso me mandó un WhatsApp para decirme: “Oye, está tal personaje en la disco, para que tengáis cuidado”. Y mis amigos, que estaban conmigo, también lo vieron y fue como: “Uy, qué paja, weón”.

Ahora, nunca entendí por qué, de todo el puto espacio que había en la disco, tuvieron que ponerse justo al lado de nosotros. ¿Qué onda esa pésima estrategia? Atroz.

Y así ha sido agosto. Entre amores que no fueron, personas que aparentemente siguen con su vida, enfermedades, pega intensa, encuentros inesperados y situaciones que perfectamente podrían haberse evitado si la gente tuviera un poquito más de criterio.

No sé si estoy cerrando ciclos o simplemente estoy cansado de algunas cosas. Quizás ambas.

Por ahora, supongo que toca descansar, dejar de sobrepensar un poco y esperar que septiembre tenga la decencia de comportarse mejor.

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