En el club de lectura salió la idea de leer un libro que,
según muchas recomendaciones en internet, hacía llorar. Había visto varias
reseñas diciendo que era devastador y muy emotivo, pero mi experiencia fue
bastante distinta. El libro me gustó, lo encontré entretenido y muy livianito,
pero nunca me provocó esa emoción que tantas personas describían. En general,
me pareció una lectura piola y fácil de seguir.
Me enganchó relativamente rápido
porque el libro tiene un componente de intriga que te hace querer saber qué va
a pasar. No diría que me mató, pero sí me mantuvo interesado y lo terminé en
aproximadamente una semana. También me llamó la atención que Rebecca Yarros sea
mucho más conocida por otras sagas y que esta novela sea su faceta más
romántica, aunque nunca sentí que el romance fuera realmente el aspecto más
fuerte del libro a pesar de que tiene escenas eróticas y sexuales bastante
explicitas.
La historia sigue a Ella, una madre soltera que vive con sus
dos hijos y administra un negocio de cabañas. Su hermano Ryan, que es militar,
le propone intercambiar cartas de forma anónima con otro soldado, y así
comienza su relación por correspondencia con un hombre que firma como Caos. Con
el tiempo descubrimos que Caos es Beckett, el mejor amigo de Ryan. Cuando Ryan
muere durante una misión, Beckett regresa a Estados Unidos para cumplir la
promesa que le hizo: cuidar de Ella y de sus hijos. A partir de ahí comienza
una relación marcada por la culpa, el duelo y una tensión erótica romántica
heterosexual que se toma tanto tiempo en desarrollarse que, pasada la mitad del
libro, yo ya estaba así:
Destaco es justamente lo fácil que se lee. El ritmo es rápido, los capítulos avanzan con agilidad y siempre hay algo que mantiene la atención. También me gustó que el libro toque temas como el duelo, la maternidad, las enfermedades terminales, el trauma de guerra y las segundas oportunidades. Sin embargo, siento que los personajes son bastante estereotipo gringo, y que la historia no profundiza demasiado en varios conflictos que podrían haber sido mucho más interesantes. Por ejemplo, me habría gustado entender mejor al padre biológico de los niños y por qué decide abandonar a su familia y de los abuelos paternos que por casualidad se pillan en la calle y a pito de nada se acercan a los niños cuando siempre los rechazaron.
Mi principal problema con el libro fue el exceso de
melodrama. Llega un punto en que la protagonista acumula una cantidad absurda
de tragedias y el relato parece convencido de que siempre puede agregar una
más. La hija tiene una enfermedad gravísima, Beckett carga con la culpa por la
muerte de Ryan, los problemas económicos son constantes y, cuando parece que
finalmente las cosas empiezan a mejorar, ocurre otra desgracia enorme que fue,
para mí, el punto en que el libro cruzó el límite. En vez de darme pena, pensé:
ya, basta de tanto sufrimiento. Sentí que la historia confundía
intensidad emocional con acumulación de tragedias.
Aun así, lo recomendaría. Creo que es una novela
entretenida, muy accesible y perfecta para alguien que quiera una lectura
rápida con romance, drama e intriga. No sé si entiendo el por qué muchas
personas conectan con ella, pero en mi caso el exceso de melodrama terminó
restándole impacto a los momentos que supuestamente debían ser los más
emotivos.

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